miércoles, 2 de septiembre de 2020

Responsabilidades y Deberes Humanos contra la intolerancia, discriminación y delitos de odio


Confilegal.- 

Transitamos por un tiempo histórico caracterizado por una gran mutación en todos los órdenes de la vida.

El pilotaje del mismo no parece visible para el común de la humanidad pues la exigencia de racionalidad al mismo sería una consecuencia frente a las incertidumbres que generan multitud de evoluciones, bien en las comunicaciones, desarrollo tecnológicos, inteligencia artificial, sea en distintos campos y como no, en todos los ámbitos, el político, el económico, el militar, la salud, la seguridad o en cualquier otro, así como en procesos como el desarrollo de la condición humana, el demográfico, el migratorio, en la relación social en todas las dimensiones, en la relación con la naturaleza o en cualquier otro que se establezca en nuestra actual existencia.

En un mundo donde las guerras y el terrorismo de todo tipo bañan el planeta, las enfermedades y los desastres medio-ambientales nos acompañan, donde la injusticia es poliédrica, donde las agresiones a la dignidad de la persona, a las libertades y derechos fundamentales son constantes, la pregunta en quienes buscan respuesta a tanta sin razón, es ¿qué debemos hacer?

Parece que no estaría equivocado defender los avances en todos los campos en términos de valores emanados de la asunción de la dignidad de la persona, es decir de libertad, de igualdad, fraternidad, de justicia, tolerancia, solidaridad, de respeto a la naturaleza, y otros que el ser humano ha situado en su historia como referencias éticas por las que debería transitar la vida para una mejor existencia individual y colectiva.

Esa larga marcha de la existencia humana, tras mucho dolor y sufrimiento, esos avances ético-sociales se han plasmado en fórmulas que no perecen, al revés, cada vez más se tienen como referencia para un orden relacional de hoy en día como son los instrumentos jurídicos de Derechos Humanos que desde 1978 han sido incorporados por la Constitución española.

Aunque no se conocen a fondo y estos son invocados por todos pese a que su violación y perversión se demuestra alcanzable por métodos abruptos o sutiles, su necesaria enseñanza para defender la dignidad humana y los valores que emanan de este principio que ha de referirse a su condición intrínseca de derechos de la persona sigue siendo muy deficitaria.

Parece que asumir su universalidad, indivisibilidad e interdependencia, para todas las personas en todo tiempo y lugar, en conjunto porque todos están situados a un mismo nivel y están unidos por un mismo cuerpo de principios, resulta más que dificultoso. Además son inherentes a la persona e irrenunciables, son inalienables, y deben ser protegidos y respetados por todos, por Estados y toda organización frente a cualquier relativismo cultural, social o político.

RESPONSABILIDADES Y DEBERES HUMANOS

Los derechos humanos, no son solo objetivos reivindicables, también son y han de ser contemplados como mandato universal, como un compromiso a asumir por todos, sean gobiernos, instituciones, empresas o personas, un deber y una responsabilidad exigibles moral y legalmente, como expresa la Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos (1998, UNESCO) que en su artículo 29, manifiesta que:

1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que solo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.

3. Estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”.

La Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos  nos introduce al problema con el que estamos confrontados en la actualidad de las graves violaciones de los derechos y de las libertades fundamentales y su desprecio que continúan ultrajando la conciencia de la humanidad.

El “deber” como obligación ética o moral y la “responsabilidad” como una obligación que tiene fuerza legal de acuerdo con el derecho internacional actual que mandata a la “comunidad mundial” y sus miembros.

Estos miembros son los estados y sus autoridades, las organizaciones intergubernamentales y las no gubernamentales, las corporaciones públicas y las privadas, incluyendo las transnacionales, otras entidades civiles, pueblos, comunidades y las personas en forma colectiva que son los titulares de responsabilidades y deberes colectivos e individuales, les convoca para promover el respeto universal, la observancia de los derechos humanos y las libertades fundamentales, significando que “tienen la obligación y la responsabilidad de respetar los de los demás y la obligación de tratar de promover y observar tales derechos y libertades”.

En este mundo que debemos reconocer diverso, donde todos partimos de la igual dignidad de la condición humana, necesitamos una ética compartida, desde la diversidad de los pensamientos morales, que se vea reforzada por una dimensión legal y esto solo lo podremos encontrar en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus instrumentos jurídicos derivados que están basados en el principio del respeto por la persona desde su asunción esencial de que cada persona es un ser moral y racional que debe ser tratado con dignidad.

Hacer frente a la violencia, a la opresión y explotación, a la degradación del ser humano, de la naturaleza, a la violación y al daño a la integridad moral, al acoso y a la coacción, a la estigmatización y a la hostilidad, al robo y al expolio, a la mentira, falsedad, y deshonestidad, a la cosificación de la persona, a todos los oprobios que enfrentamos en la cotidianidad, requiere de una perspectiva y un conocimiento de las Responsabilidades y Deberes Humanos en las que debe ser educado todo individuo por coherencia en todos los órdenes de la vida.

UN ENFOQUE UNIVERSAL E INTEGRAL

Ninguna persona por su condición humana puede ser víctima de intolerancia, discriminación o delitos de odio y el término condición humana engloba todas sus dimensiones.

Esto es origen étnico, “racial”, territorial o nacional, color de piel, linaje, situación de migrante o refugiado, su sexo, orientación, identidad sexual o género, convicciones religiosas e ideológicas, opinión política, sindical o de otra índole, edad, profesión, condición de nacimiento, persona sin hogar o posición socio-económica o condición social, lengua, identidad cultural y deportiva, su aspecto físico, cultura alimentaria, características genéticas, discapacidad intelectual o física, enfermedad, estado serológico por motivo alguno que radique en cualquier otro factor de significación de las diferentes manifestaciones de la condición humana que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública, así como en la privada.

La intolerancia, la discriminación y los crímenes de odio también han de ser entendidos y asumidos desde una perspectiva histórica, entendiendo que azotan a la humanidad desde sus orígenes.

Y es esencial interpretar la universalidad de la víctima que alcanza a toda persona, en todo tiempo y lugar, y asumir la lucha integral contra la pluridimensionalidad poliédrica de la intolerancia, o sea, en todas sus formas y manifestaciones.

Esto exige una mirada interpretativa de indivisibilidad que es lo que caracteriza la defensa de la dignidad de la persona y los derechos humanos.

No se puede ser antirracista y a la vez practicar antisemitismo; estar contra la homofobia y la transfobia y ser misógino y sexista; denunciar la xenofobia y promover la intolerancia religiosa; denunciar la discriminación por origen étnico y territorial y alentar la hispanofobia; denunciar la discriminación por edad o discapacidad y difundir gerontofobia, luchar contra la pobreza y comportarse con aporofobia; denunciar la intolerancia política y el odio ideológico de una parte y aceptarla o promoverlo contra otra; defender la libertad y la igualdad y por contra estigmatizar a profesionales, sanitarios, periodistas….

Sencillamente, no es ético porque la dignidad de las personas y sus derechos fundamentales son universales y de ahí emanan nuestros, de todos, deberes y responsabilidades.

En consecuencia es preciso y hay que reiterarlo, que el fin no justifica los medios, que no vale todo y que, desde una perspectiva de responsabilidad, el deber de congruencia es exigible y  la respuesta a estas conductas que alimentan la división y el enfrentamiento.

Ya es explicita en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no deja lugar a dudas al señalar en sus considerando (…) que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, (…) que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias (…)y que en su articulado afirmaba:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, advirtiendo en su último artículo: “Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”. En consecuencia, se debe adoptar una actitud de integridad en su defensa.

Por el contrario, la lectura de los Derechos Humanos desde la perspectiva de las responsabilidades y deberes exige al Estado, a gobiernos autonómicos y locales, a instituciones públicas y privadas, a partidos, sindicatos, ONG y empresas, a las personas, grupos sociales y a todo el conjunto de la sociedad que deben condenar, rechazar y avanzar en la prohibición de toda propaganda y toda organización, cualquiera que sea su forma o razón, que realice, fomente, divulgue, promueva, justifique o incite a la comisión de acciones discriminatorias, de odio e intolerancia, declarándolas rechazables, en su caso, ilegales y punibles, adoptando las medidas a su alcance, inmediatas y positivas, dentro de la legalidad democrática constitucional, destinadas a eliminar cualquier escenario de indiferencia, permisividad e impunidad y no permitiendo que se promuevan o realicen este tipo de hechos.

Todos deben de comprometerse a adoptar y aplicar medidas legales en todos los niveles de la sociedad encaminadas a promover el entendimiento entre todas las personas y grupos sociales con sus múltiples y diversas identidades, así como a no fomentar, ni incurrir en ningún acto o práctica de intolerancia, odio y discriminación y a velar para que todos actuemos en conformidad con esta obligación.

Y todos deben hacer efectivo su compromiso contra cualquier acto que viole derechos y libertades fundamentales, así como el derecho a pedir a los tribunales reparación justa y adecuada por todo daño del que puedan ser víctimas como consecuencia de tales hechos.

También a impulsar y reclamar a las autoridades democráticas la adopción de medidas inmediatas y eficaces, especialmente en las esferas de la enseñanza, la educación, la cultura y la información para combatir los prejuicios y el adoctrinamiento que conduzcan al desarrollo de actitudes y conductas de intolerancia, discriminación y odio, así como para promover la comprensión, la tolerancia y la amistad entre las naciones y los diversos grupos sociales.


 

lunes, 31 de agosto de 2020

Día Internacional de la Solidaridad

 El 31 de agosto: "El Día Internacional de la Solidaridad".

Decía Pablo Neruda que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Hermosa definición que simboliza la historia de la humanidad porque solidaridad significa unidad, pertenencia común, interdependencia, apoyo mutuo, comunidad de esfuerzo y sentimiento.


Os dejamos una lectura interesante para celebrar este día

domingo, 23 de agosto de 2020

Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Personas Esclavizadas y de su Abolición



En la noche del 22 al 23 de agosto de 1791, se produjo en Santo Domingo (actualmente Haití y la República Dominicana) el comienzo de una sublevación que sería de decisiva importancia para la abolición del comercio transatlántico de personas esclavas. La finalidad que persigue el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Personas Esclavizadas y de su Abolición es inscribir la tragedia del comercio de personas esclavizadas en la memoria de todos los pueblos. La ignorancia o la cultación de acontecimientos históricos importantes constituyen un obstáculo para la comprensión mutua, la reconciliación y la cooperación entre los pueblos. Este día nos ayuda a  rendir homenaje a todos los que lucharon por la libertad, y para continuar la enseñanza acerca de su historia y sus valores. El éxito de esta rebelión, dirigida por las propias personas esclavizadas, es una profunda fuente de inspiración hoy para la lucha contra todas las formas de servidumbre, el racismo, el prejuicio, la discriminación racial y la injusticia social que son un legado de la esclavitud.

sábado, 22 de agosto de 2020

Día Europeo en conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo


Hoy es el Día Europeo en conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo. Este día recuerda el Pacto Molotov-Ribbentrop del 23 de agosto de 1939 entre la Unión Soviética y Alemania, que dividió Europa en dos esferas de intereses.. El día busca “preservar la memoria de las víctimas de las deportaciones y las exterminaciones en masa, enraizando al mismo tiempo más firmemente la democracia y reforzando la paz y la estabilidad en nuestro continente”. Recuerda que los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y que fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad. Evoca asimismo los atroces crímenes del Holocausto perpetrado por el régimen nazi y condena los actos de agresión, los crímenes contra la humanidad y las violaciones masivas de los derechos humanos perpetrados por los regímenes comunista, nazi y otros regímenes totalitarios.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Día Internacional de la Juventud


 
En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud, una celebración anual que busca promover el papel de los jóvenes como socios esenciales en los procesos de cambio y generar un espacio para generar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que estos se enfrentan.

domingo, 9 de agosto de 2020



Los pueblos indígenas representan una gran diversidad: más de 5 000 grupos distintos en unos 90 países y hablan una abrumadora mayoría de las aproximadamente 7 000 lenguas del mundo. Están constituidos por 370 millones de personas aproximadamente, es decir, más del 5% de la población mundial y, sin embargo, se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables representando el 15 por ciento de los más pobres.

Los pueblos indígenas han heredado y practican culturas y formas únicas de relacionarse con la gente y el medio ambiente. Retienen, además, rasgos sociales, culturales, económicos y políticos que son distintos de los predominantes en las sociedades en las que viven. Pese a sus diferencias culturales, los pueblos indígenas de todo el mundo comparten problemas comunes a la hora de proteger sus derechos como pueblos diferentes.
Las poblaciones autóctonas han buscado durante años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida y el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos naturales. Pese a ello, a lo largo de la historia, sus derechos han sido siempre violados. En la actualidad, se encuentran sin duda entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo. La comunidad internacional reconoce ahora que se necesitan medidas especiales para proteger sus derechos y mantener sus culturas y formas de vida.

jueves, 6 de agosto de 2020

75 años del lanzamiento de las Bombas Atómicas de Hiroshima y Nagasaki



Desde ese 6 de agosto de 1945, el mundo y las guerras ya no volverían a ser iguales. La explosión de la bomba atómica de Hiroshima, lanzada  por Estados Unidos, se registró a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945. La detonación mató al instante a 66.000 personas, hiriendo a otras 69.000 y produciendo miles de muertes posteriores por la radiación.  El lanzamiento de otra bomba sobre Nagasaki fue 3 días después del ataque sobre Hiroshima, el 9 de Agosto, acabando instantáneamente con la vida de 70.000 personas. Otras miles morirían después a consecuencia de la radiación. Actualmente, en la zona del epicentro del bombardeo existe un Parque Memorial de la Paz y un Museo Memorial que homenajea a las víctimas y se ha convertido en un símbolo del tremendo daño que el ser humano puede llegar a causar  para que nunca se vuelva a repetir.