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viernes, 5 de mayo de 2023

78 años de la liberación de Mauthausen-Gusen

 

Fotografía: Cordon Press

El 5 de mayo de 1945, un patrulla aliada encontró por azar el campo de concentración nazi Mauthausen-Gusen, ya abandonado por los alemanes, donde 4.816 españoles estuvieron recluidos.  La Historia nos avisa. Hoy, en su memoria, tenemos la oportunidad de recoger el testigo, recordarlos para no olvidar su historia y que su sufrimiento no resulte en vano.



martes, 2 de agosto de 2022

2 de Agosto en Memoria de las Víctimas del Genocidio Nazi del Pueblo Gitano

 

En la noche del 2 al 3 de agosto de 1944 morían asesinad@s, en las cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz II-Birkenau, 2.897 hombres, mujeres y niñ@s roma, bajo órdenes del comandante en jefe de la SS, Heinrich Himmler. Las personas gitanas eran uno de los pueblos objetivo de exterminio del régimen nazi. Por ello, diversas voces en Naciones Unidas y de la sociedad civil, eligieron el 2 de Agosto como fecha de recuerdo y homenaje a las víctimas gitanas de la barbarie nazi. En numerosas ciudades del mundo se celebran actos de homenaje y duelo. 

¡Nuestro recuerdo hoy y siempre! ¡Nunca más!

jueves, 5 de mayo de 2022

77 años de la liberación de Mauthausen-Gusen

 


El 5 de mayo de 1945, un patrulla aliada encontró por azar el campo de concentración nazi Mauthausen-Gusen, ya abandonado por los alemanes, donde 4.816 españoles estuvieron recluidos.  La Historia nos avisa. Hoy, en su memoria, tenemos la oportunidad de recoger el testigo, recordarlos para no olvidar su historia y que su sufrimiento no resulte en vano.


jueves, 7 de abril de 2022

Memorial en recuerdo a las Víctimas sevillanas del Horror Nazi



Inauguración del Memorial en recuerdo a las Víctimas sevillanas del horror de los campos Nazis, situado en la Avenida Diego Martínez Barrios.

Emotivo acto que contó con los testimonios de familiares de víctimas del campo de Mauthausen, así como del Delegado en Andalucía de la Asociaciación Amical de Mauthausen y otros campos y de todas las víctimas del nazismo y del arquitecto del Ayuntamiento que puso voz a la simbología que que había detrás de cada detalle del memorial.

A partir de ahora Sevilla contará con este lugar para la Memoria, representando la Democracia frente a los Totalitarismos, la Tolerancia frente al odio, y el compromiso para el NUNCA MAS.  






 

miércoles, 23 de febrero de 2022

Material Didáctico Nº15. Combatir el Antisemitismo y la negación del Holocausto

 

Europa se enfrenta, una vez más, a la realidad impactante de los crímenes de odio antisemitas, xenófobos, racistas y de otras formas de intolerancia, además de un clima social donde la convivencia democrática se pone en peligro y la intolerancia se expande. Actos atroces, precedidos y precipitados por el discurso de odio que se extiende por Internet  las Redes Sociales, acompañados de prácticas desinformativas, bulos, fanatización y otros elementos que, incluso en contextos de pandemia y encierros, vaticinan graves problemas. La difusión de la retórica tóxica de los extremismos deviene en conductas violentas. Las amenazas contra la democracia y las perspectivas totalitarias asoman sin reparo en horizontes que no se sitúan nada lejanos. Y España no es diferente, aunque en apariencia sea menos visible, y en este caso del antisemitismo por ausencia de radares sensibles.

El antisemitismo, en sentido amplio del término, hace referencia al odio, la hostilidad, discriminación y violencia hacia los judíos que se basa en una animadversión radicada en un rechazo, incluso existencial, que puede ser múltiple, ya sea de tipo religioso, racial, político, cultural y étnico, o de todo a la vez. En sentido profundo, el antisemitismo es una forma específica de intolerancia, de irrespeto, desprecio, rechazo y de negación, que refiere a conductas que van desde la estigmatización, segregación, discriminación, hostilidad, violencia y crímenes de odio, hasta el exterminio como evidenció el Holocausto, lo que no ha sido obstáculo para la emergencia de grupos neonazis.

Descárgatelo aquí


martes, 6 de octubre de 2020

Adiós al último superviviente español de los campos de concentración nazis

Juan Romero en una imagen reciente/ Carlos Hernández
Fuente: elDiario.es

España pierde un trozo irremplazable de su historia. Ya no queda ninguno. 75 años y cinco meses después de la liberación de los campos de concentración nazis, ha fallecido el último español que vivió aquel infierno y que pudo contarlo. El cordobés de Torrecampo Juan Romero Romero emprendió anoche su último viaje desde la localidad francesa de Ay, en la que residía desde hace siete décadas. Tenía 101 años y dejaba atrás una vida repleta de sufrimiento, de compromiso y de lucha por la libertad. Una vida en la que obtuvo el reconocimiento de Francia. Una vida en la que tuvo que esperar 101 años para que su patria le homenajeara y le tratara como lo que fue: un héroe.

Una vida de lucha

Nacido en abril de 1919 en Torrecampo (Córdoba), Juan Romero creció en el seno de una humilde familia de labradores. El deseo de acabar con las enormes desigualdades económicas y sociales que imperaban en aquella España le llevó a afiliarse a la Unión General de Trabajadores. A pesar de que solo tenía 17 años cuando se produjo la sublevación militar contra la democracia republicana, Juan se alistó voluntario para combatir a las tropas fascistas. Formando parte de la 33ª Brigada Mixta, luchó en la sierra de Guadarrama, Brunete, Guadalajara y Teruel. Especialmente dura para Juan fue la batalla de El Ebro, en la que tuvo que cruzar el río en una pequeña barca mientras los soldados franquistas le disparaban desde la orilla. Muchos compañeros murieron. Juan resultó herido, pero, después de recuperarse en un hospital de campaña, regresó con su brigada. Ante el ya imparable avance de los soldados franquistas, Juan cruzó la frontera hacia Francia en febrero de 1939.

Las autoridades francesas le internaron, junto a miles de compatriotas, en el campo de concentración de Vernet d' Ariège. A pesar del mal trato recibido por parte de las autoridades galas, Juan decidió alistarse en la Legión Extranjera para volver a combatir al fascismo en la guerra que se avecinaba contra Hitler. Esta segunda contienda tampoco acabó bien para el luchador cordobés. En el verano de 1940 las tropas nazis le capturaron y le enviaron al campo de prisioneros de guerra habilitado en la localidad alemana de Luckenwalde. En ese recinto, en el que más o menos se respetaban los derechos humanos y las convenciones internacionales, tendría que haber pasado el resto de la contienda. Sin embargo, las conversaciones entre el régimen franquista y sus aliados nazis provocaron un dramático cambio en el destino de todos los españoles que, como Juan, se encontraban en esos campos para prisioneros de guerra. La Gestapo se dedicó a identificarlos, uno a uno, y los envió a los campos de concentración para ser explotados laboralmente y exterminados.

En la antesala de la cámara de gas de Mauthausen

Juan Romero fue uno de los más de 7.500 españoles que, tras haber formado parte del Ejército francés, ingresaron en Mauthausen-Gusen entre 1940 y 1942. Otros 1.800 compatriotas más, hombres y mujeres, serían deportados a otros campos de concentración nazis por pertenecer a la Resistencia. De los 7.500 de Mauthausen, unos 5.200 solo pudieron salir de allí a través de la chimenea del crematorio, convertidos en humo y cenizas. Juan tuvo fortaleza, inteligencia y, sobre todo, una buena dosis de suerte que le permitió sobrevivir.  

El primer trabajo esclavo que le asignaron los SS fue en la temible cantera de granito donde los españoles pasaban cerca de doce horas picando y trasladando piedras. Cada minuto era horrible, pero Juan recordaba cuál era el peor momento de la jornada: "Cuando terminaba el día subíamos una piedra por la escalera, y que no fuera pequeña… Los SS eran unos criminales. Todos los días llegaban los carros de la cantera llenos de muertos". Él no terminó en uno de esos carros porque, tras varios meses de durísimo trabajo, le trasladaron a un grupo que trabajaba en el exterior del campo y que estaba dirigido por el kapo español César Orquín. Mejor tratado y con algo más de comida, Juan recuperó fuerzas hasta que, un día, resultó seriamente herido tras sufrir un accidente en el trabajo. Los prisioneros sabían que la enfermería de Mauthausen era un verdadero matadero. Los doctores SS se apresuraban a aplicar inyecciones de gasolina en el corazón a los deportados que ya no les iban a resultar útiles para el trabajo. Juan volvió a tener suerte y, con la ayuda de algunos enfermeros-prisioneros españoles, se reestableció. 

Su siguiente y último destino en Mauthausen fue en el llamado "comando de la desinfección". Su misión consistía en recoger las ropas de las expediciones de prisioneros que llegaban al campo y, en unas grandes parihuelas, llevarlas al edificio donde las lavaban y desinfectaban. Juan no murió de hambre porque él y sus compañeros del comando siempre encontraban algo de comida en los bolsillos de esas ropas. Físicamente no era un trabajo especialmente duro, pero sí lo era a nivel psicológico. Juan tenía que contemplar, especialmente en los últimos meses de la guerra, los grupos de prisioneros que eran enviados a la cámara de gas: "Si había grupos que llegaban y en vez de ir a la ducha se quedaban fuera, eso era muy malo… Esos iban directamente a la cámara de gas".

Pesadillas hasta el día de su muerte

El luchador cordobés nunca pudo olvidar a aquellos grupos que se dirigían, sin saberlo, hacia el matadero. De todos ellos, cada vez que recordaba aquellos años, le marcó especialmente uno: "Llegó al campo un grupo, había hombres, mujeres, niños muy chicos. Eran 30 o 40. Nosotros estábamos para salir; esperamos a que entraran, pasaron delante de nosotros y una niña pequeña me sonrió… la pequeñita, la pobre, ignorante no sabía que iba directa a la cámara de gas. Y eso me hizo mucho daño. Yo he visto muchos grupos, pero aquella pequeñita, la niña que me echó una sonrisa… Aún ahora, por las noches, me acuerdo mucho de ella".

Cuando el 5 de mayo de 1945 los soldados estadounidenses llegaron a Mauthausen, liberaron físicamente a los prisioneros, pero nadie jamás pudo liberar sus mentes. Los recuerdos de lo sufrido en el campo, de los compañeros asesinados, de las atrocidades de que fueron testigos les persiguieron durante el resto de sus vidas. A ese trauma, en el caso de los españoles se sumó un drama añadido: no podían regresar a sus hogares porque España seguía en manos de Franco. Juan rehízo su vida en Francia. Se instaló en la localidad de Ay, se casó, formó una familia y desarrolló su carrera profesional en una bodega de Champagne.

Al igual que el resto de supervivientes españoles, Juan tardó años hasta que el Estado francés le reconoció un estatus parecido al de los deportados galos. A partir de los años ochenta, especialmente, ya era considerado un héroe y tratado como tal. Recibió todo tipo de homenajes y condecoraciones como la prestigiosa Legión de Honor. Muy diferente fue la actitud de España. Durante la dictadura se trató de borrar y tergiversar la historia de los deportados y deportadas españolas. Olvido y falsedades que se mantuvieron durante la Transición y que han perdurado hasta hace muy poco tiempo. 

A Juan los homenajes de su patria le han llegado en el último momento. Fue el pasado 5 de mayo, unos días después de que cumpliera los 101 años, cuando el Consejo de Ministros aprobó un texto en el que reconocía su figura. Un reconocimiento que le trasladó personalmente la vicepresidenta primera, el pasado mes de agosto. Carmen Calvo se trasladó hasta la localidad de Ay para decirle a la cara lo que Juan había esperado durante años y años: "Gracias por tu vida". Calvo le agradeció haber luchado contra el franquismo y haber defendido la democracia en España y en toda Europa: "Nunca haremos lo suficiente, siempre estaremos en deuda con los antifascistas españoles que pagaron con su vida. Gratitud eterna desde la democracia española". Juan se mostró muy contento ese día y quienes le querían afirman que ese reconocimiento final le ha permitido irse en paz.

Con la muerte de Juan Romero desaparece el último español deportado a los campos de concentración nazis. Los cerca de 4.000, entre ellos un mínimo de 300 mujeres, que lograron sobrevivir a las alambradas de Mauthausen, Buchenwald, Ravesnbrück, Sachsenhausen, Dachau o Auschwitz han ido marchándose durante los últimos 75 años. Casi todos ellos murieron olvidados, ignorados, sin haber sido reconocidos por el Estado español. Ahora ya son Historia.

Vicente García Riestra, superviviente asturiano del campo de concentración de Buchenwald puso voz en 2017 a lo que sentía entonces Juan Romero y el último puñado de deportados españoles que todavía seguían con vida: "Somos una especie en peligro de extinción. Estamos llamados a desaparecer. Y qué vamos a hacer. La vida es así". La vida es así.  

martes, 5 de mayo de 2015

Se cumplen 70 años de la liberación de Mauthausen, el campo de concentración “de los españoles”

La historia no es sólo un rosario de fechas, pero las fechas nos ayudan a ubicarnos. El 5 de mayo de 1945, hace hoy justamente 70 años, las fuerzas estadounidenses entraron en Mauthausen, donde fueron recibidas con banderas republicanas españolas y con una gran pancarta en la puerta en la que se leía: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras”.


EDUARDO GONZÁLEZ. SABEMOSDIGITAL.COM -El campo de Mauthausen había sido construido cerca de una cantera abandonada junto al río Danubio, en el norte de Austria. Se estima que tanto por el campo de concentración como por sus “subcampos” (como el de Gusen, un Kommando o campo auxiliar situado en la Alta Austria destinado al exterminio de los presos más débiles) pasaron casi 200.000 prisioneros entre 1938 y 1945 y fueron asesinadas casi 120.000 personas, una tercera parte de ellas pertenecientes a la comunidad judía.
Según las cifras oficiales, Mauthausen llegó a albergar a más de 7.500 españoles,de los que fallecieron al menos 4.500, la inmensa mayoría (casi 4.000) en Gusen. La primera tanda de medio millar de españoles llegó en vagones el 6 de agosto de 1940. Habían sido sorprendidos por la llegada de las tropas alemanas cuando malvivían en los campos de refugiados para republicanos, desde los que ayudaban a las tropas galas directamente con las armas o trabajando en la construcción de las defensas militares dentro de las llamadas Compañías de Trabajadores Extranjeros del ejército francés.
Inmediatamente después de la captura de los españoles, en Angulema y en otros puntos de Francia, la Embajada alemana en Madrid se puso en contacto hasta en dos ocasiones con el Gobierno español para instarle a hacerse cargo de estos miles de “combatientes rojos españoles” (rotspanienkämpfer), pero la dictadura de Francisco Franco, a través de su ministro de Exteriores, el cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, se limitó a responder que no reconocía a ningún español más allá de sus fronteras y que, en su condición de “apátridas”, Alemania era libre para hacer con ellos lo que quisiera, a pesar de que, como demuestra la documentación, el Gobierno español conocía perfectamente lo que sucedía en los campos de concentración.
En este contexto, y a causa de la dejación de las autoridades españolas, entre 10.000 y 12.000 españoles de toda condición (mujeres, hombres, niños, ancianos) pasaron de golpe de refugiados políticos a prisioneros de la Gestapo, que los marcó con el triángulo azul invertido de los apátridas y con una S deSpanier en el centro.
Según el historiador Benito Bermejo, Adolf Hitler ordenó el 25 de septiembre de 1940 el envío de "los combatientes de la España roja" a "un campo de concentración”. Tras la orden de Hitler (que salió de Berlín justo al día siguiente de un encuentro entre el Führer y Serrano Suñer en la capital alemana), fueron llegando a Mauthausen-Gusen alrededor de 7.300 españoles, entre los que destacaba el grupo de Angulema, formado por unos 400 hombres. El 26 de agosto de 1940 falleció el primer español, quien fue inmediatamente homenajeado por sus compatriotas con un minuto de silencio. Se estima que la mayoría de las muertes de españoles se produjeron entre 1941 y 1942.
La dictadura de Franco declaró "apátridas" a los españoles y los dejó a la discreción de los nazis
Mauthausen se encontraba junto a una cantera de granito en la que trabajaban los prisioneros hasta su agotamiento final (los supervivientes recordaron durante muchos años la “escalera de la muerte”, los 186 escalones por los que se tenían que cargar los bloques de granito). Asimismo, Mauthausen fue clasificado en 1941 como el único campo de concentración de categoría III, reservada a los prisioneros "culpables de acusaciones realmente graves, incorregibles, asociales y convictos por causas criminales”.
Como consecuencia de esta función política del campo, los prisioneros de Mauthausen/Gusen padecieron las condiciones de detención más severas y unos de los índices de mortalidad más altos de todos los campos de concentración del III Reich. Aunque la mayoría de los prisioneros murieron fusilados y ahorcados, además de por hambre, enfermedades y malos tratos, la cámara de gas de Mauthausen tenía capacidad para matar a 120 personas a la vez y se utilizaba con frecuencia cada vez que llegaban los transportes de prisioneros, en una especie de “alarde” para impresionar a los altos dignatarios nazis que visitaban el campo.
La presencia de los españoles fue crucial en todo momento, tal como recoge el portal de Wikipedia. Cuando empezaron a llegar prisioneros procedentes de otros frentes, los españoles, en su calidad de veteranos, ayudaron a los recién llegados a sobrevivir, a resistir ante el nazismo a la espera de la llegada de los aliados y a recopilar pruebas para ayudar en los posibles procesamientos de los verdugos y para que las siguientes generaciones conocieran lo que estaba pasando. El caso más notorio es el del reportero gráfico Francesc Boix(Barcelona, 1920-París, 1951), el “fotógrafo de Mauthausen” y único español que pudo testificar contra los jerarcas nazis en el proceso de Nuremberg.
Cerca de 120.000 personas fueron asesinadas en Mauthausen, incluidos 4.500 españoles
Otro de los testigos, uno de los 25 que continúan con vida en la actualidad, es Ramiro Santisteban Castillo. Este cántabro, presidente de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos y prisionero número 3.237 de Mauthausen, llegó al campo de concentración el 6 de agosto de 1940 con sólo 17 años de edad, junto a su padre y su hermano mayor.
“Allí conocimos lo que nunca antes hubiésemos podido imaginar. Los trabajos en la cantera o en otros lugares hasta caer agotados; el hambre; las enfermedades; los castigos crueles. Los hijos veían consumirse a sus padres; muchos iban viendo morir a sus compañeros de luchas, a sus paisanos. Otras veces simplemente desaparecían, enviados a un destino desconocido; entonces sospechábamos lo peor, y esas sospechas un día se revelaron ciertas”, recordaba hace unos años en un artículo publicado por el Buscador de Españoles deportados a Campos de Concentración, del Ministerio de Educación y Cultura.
“De los españoles que entramos en Mauthausen solamente unos dos mil regresamos a Francia en 1945, pero algunos lo hicieron en muy malas condiciones”, recordó. Su padre falleció en el Hospital de la Salpetrière de París a las pocas semanas de volver.
Después de 1945, Mauthausen permaneció bajo administración norteamericana y, posteriormente, fue utilizado como cuartel por el Ejército soviético. En junio de1947, Moscú entregó el antiguo campo de concentración al Gobierno de Austria para la construcción de un Memorial, que fue inaugurado dos años más tarde, con el nombre de Monumento público de Mauthausen.
En años posteriores, numerosos países y grupos de víctimas fueron agregando sus propios monumentos, hasta que a principios de los sesenta se instaló en su interior un cementerio para las víctimas del campo de concentración que se encontraban en los “cementerios americanos” en Mauthausen y Gusen y en las fosas comunes de las SS.  En 1970 se celebró la primera exposición permanente sobre Mauthausen en el edificio de la enfermería y en 2003 se construyó el Centro de Visitantes.
ACTO DE HOMENAJE EN MAUTHAUSEN
Transcurridos setenta años desde la liberación, las víctimas y sus descendientes siguen dispuestas a preservar el recuerdo. La asociación Amical de Mauthausen y Otros Campos, con sede en Barcelona, ha organizado para este próximo fin de semana un viaje a Mauthausen y a Buchenwald a fin de asistir a los actos organizados por los Comités Internacionales, en los que participan delegaciones de 21 países. En el viaje participarán 150 personas procedentes de Aragón, Valencia, Cataluña, Valencia, Madrid, Cantabria y Menorca, entre otros lugares, además de representantes políticos (entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Garcia-Margallo) y alumnos de institutos de secundaria que participan del proyecto de Red de Memoria y Prevención del Fascismo, Nunca Más, que impulsa la Amical española.
Entre los actos previstos, que se llevarán a cabo en el Castillo de Hartheim, en Ebensee, en Gusen y ante el monumento español del campo Mauthausen, destaca la inauguración de una placa en la casa de Anna Pointer, la mujer que ayudó a esconder los negativos de las fotografías realizadas por Boix, que permitieron posteriormente conocer las atrocidades cometidas en el campo y ayudaron al propio fotógrago a intervenir como testigo en los juicios de Nuremberg, según informó este lunes Amical en un comunicado.

En el mismo comunicado, difundido con motivo del aniversario, Amical ha advertido de que "aún quedan muchas reivindicaciones pendientes, entre ellas el reconocimiento jurídico de las víctimas (tal y como se ha reclamado esta semana pasada en el Congreso de los Diputados), el reconocimiento de víctimas de la deportación a las familias,  el reconocimiento de lo que significó el exilio y la deportación en pérdidas de capital humano, político, cultural y social para pueblos enteros y para la sociedad española en general".
Asimismo, ha llamado la atención sobre la necesidad de que se reconozca"la complicidad del régimen franquista y del régimen de Vichy, los pactos entre Franco y Hitler, que convirtieron en apátridas a los exiliados españoles y en víctimas de los campos de exterminio". "No podemos olvidar tampoco que las víctimas fueron estigmatizadas y culpabilizadas durante más de 40 años, negando sus derechos y reconocimientos, a ellos y a sus familias, y prohibiéndoles constituir una  asociación de apoyo", ha añadido.

martes, 28 de abril de 2015

España reconocerá por primera vez a los españoles presos en campos nazis


ELDIARIO.ES- La Comisión Constitucional del Congreso ha aprobado este martes por unanimidad una proposición no de ley que insta al Gobierno de Mariano Rajoy a reconocer como "héroes de la lucha por la libertad" a los españoles --principalmente republicanos que emigraron como consecuencia de la Guerra Civil-- que fueron hechos prisioneros por los nazis y estuvieron en campos de concentración como el de Mauthausen, de cuya liberación se cumplen 70 años el próximo día 5 de mayo.
En concreto, la iniciativa aprobada emplaza al Gobierno a convocar un "solemne acto de homenaje, personal y colectivo" a los españoles que sufrieron la reclusión a manos de los nazis, que sirva como "reconocimiento y reparación moral", y ensalce "su legado de dignidad y de valentía" y "su innegable condición de héroes de la lucha por la libertad y las víctimas del totalitarismo". Un reconocimiento por el que llevan años luchando las asociaciones por la memoria histórica.
En ese evento debería entregarse a los supervivientes una condecoración oficial que acuerde concederles con anterioridad el Consejo de Ministros. El Congreso llama así al Ejecutivo a hacer lo mismo que hizo el pasado mes de marzo el Gobierno francés, que concedió la Legión de Honor a los ciudadanos de nacionalidad española que siguen vivos y fueron recluidos en Mauthausen
Los socialistas explican en su texto que el campo de Mauthausen estaba dividido en cuatro subcampos, uno de los cuales, el de Gussen, es popularmente conocido como 'el campo de los españoles' por la notable presencia de los mismos entre sus prisioneros, ya que se calcula que por allí pasaron más de la mitad de los casi 10.000 españoles que fueron enviados a campos de exterminio.

Franco no les reconocía como españoles

En concreto, entre 1940 y 1945, hubo en el campo cercano a Linz  7.532 hombres, mujeres y niños españoles, de los que fallecieron unos 5.500 como consecuencia, la mayor parte, de los trabajos forzados en régimen de esclavitud, las deplorables condiciones sanitarias, las enfermedades, el hambre, pero también algunos fueron fusilados, gaseados, apaleados y ahorcados.
En un primer momento, estos españoles eran parte de los 9.000 republicanos deportados que habían cruzado a Francia en los últimos meses de la Guerra Civil, luego formaron parte del Ejército francés y llegaron a Mauthausen tras haber pasado por algunos campos de prisioneros de guerra. Después, sobre todo desde 1943, fueron apresados por su participación en la Resistencia francesa y hubo un tercer grupo, integrado por civiles en el que había mujeres y niños, procedentes de los campos de refugiados del Sur de Francia.
Todos ellos, según relata el PSOE, acabaron en Mauthausen por decisión de las autoridades nazis, españolas y del Gobierno de Vichy de "exterminarles, dejando de considerarles prisioneros de guerra y pasando a ser considerados apátridas".

"Los españoles antifascistas os saludan"

"Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras", rezaba la pancarta con la que los supervivientes españoles recibieron a los soldados que liberaron el campo. De allí salieron 2.335 españoles vivos de los que hoy sólo sobreviven unos 25.
Estos compatriotas fueron los únicos supervivientes del campo que no fueron recibidos como héroes en su país, habida cuenta de que en España gobernaba Franco, pero sí han tenido reconocimientos en otros países europeos, como Francia, donde reside la mayoría y cuyo gobierno les concedió la nacionalidad y el pasado mes de marzo aprobó concederle la Legión de Honor a los que continúan con vida.
El PSOE recuerda que el primer homenaje oficial que recibió este grupo de españoles fue en 2005 cuando el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, viajó a Mauthausen y visitó el monumento que recuerda a los 5.000 que murieron entre sus muros.
A su juicio es "inexcusable" que una década después, con motivo de los 70 años de la liberación del campo, se produzca un reconocimiento específico de este colectivo que sirva, además, "para mantener viva la memoria de aquellos deportados luchadores por la libertad".

Mañana, debate en el pleno

Y el recuerdo a los presos españoles de los nazis estará presente también en el Pleno del Congreso de este miércoles, cuando ERC reclame al Gobierno, a través de una interpelación, que aproveche este aniversario para "cerrar oprobios y reparar de forma definitiva a las víctimas" españolas que fueron asesinadas por los nazis en distintos campos.
En el texto de su iniciativa, que dará lugar a una moción que se votará ya en plena campaña electoral de las elecciones locales y autonómicas del 24 de mayo, los independentistas catalanes exigen que el Estado español pida perdón a este colectivo, "dilucide sus responsabilidades" por las penurias a las que fue sometido y repare las consecuencias derivadas del exilio republicano.

jueves, 23 de abril de 2015

Sevilla 1937: mano de obra esclava para canalizar las aguas fecales de la alta burguesía


MARIA SERRANO. DIARIOANDALUCES.ES- Hay aún lugares de la memoria sin ubicar en el mapa, como los desconocidos campos de concentración franquistas. Hoy día no queda apenas rastro ni marca de uno de los primeros que se construyeron en la ciudad de Sevilla, en 1937, y que se conoce como El Colector, donde llegaron a concentrarse más de 900 presos del régimen. Elegidos a dedo, obligados a trabajar largas horas como mano de obra esclava y durmiendo en barracones de malísimas condiciones, estos republicanos dedicaron largas horas de condena a la construcción de una complicada tubería que traspasara las aguas residuales del recién creado barrio de Heliópolis al otro lado de la Dársena del Río Guadalquivir, a partir de una orden municipal en plena guerra civil.

UN CONCURSO MUNICIPAL

Cecilio Gordillo, representante del grupo de Memoria Histórica de CGT Andalucía, rememora cómo aquella obra fue puesta en marcha por el mismísimo Ayuntamiento de Sevilla. “El alcalde Ramón de Carranza plantea una problemática que hay en el barrio de Heliópolis, que se crea durante la exposición universal de 1929, y es que todas las aguas residuales de esta zona vertían directamente a la dársena de este río, lo que convertía en un problema de salud muy grande para este nuevo barrio donde vivía la alta burguesía y los dirigentes del nuevo orden”, aclara. La empresa ganadora de este concurso fue Entrecanales y Távora, cuya parcela fue vendida posteriormente a Acciona.

La superposición de distintos mapas de la época con la actual posición ha permitido dar a conocer la ubicación exacta del campo, en el antiguo cauce del río Guadaíra, al lado del margen izquierdo de la Corta de Tablada, junto a la zona del Quinto Centenario.

Esta compañía sevillana, con instalaciones en el Puerto, habla con el alcalde de la ciudad para comunicarle que no encuentran suficiente mano de obra para iniciar la obra, por lo que Carranza decide acudir hasta las prisiones más cercanas para elegir a dedo a los trabajadores restantes.

Gordillo apunta que los jefes de obra se acercaban a las prisiones a la búsqueda de carpinteros, albañiles, encofradores… “Ninguno de ellos era libre de elegir su destino, aunque siempre preferían optar por la redención de penas por trabajo que quedar largos años encerrados en una celda”. El campo estaba listo para recibir a presos cinco meses antes de la aprobación de la orden del Ayuntamiento, que regulaba la apropiación de mano de obra barata por parte de empresas privadas.

Este fue el método de selección de los primeros 250 trabajadores del campo de El Colector. El estudio realizado por el grupo de Memoria Histórica de la CGT apunta que “esa cantidad de presos llegó a triplicarse durante el tiempo que permaneció utilizándose el campo. Incluso la procedencia de estos presos fue variando. Si en principio eran del área más cercana, con el tiempo fueron llegando de Cataluña, Aragón, Galicia y Valencia”. A pesar de que la actividad del campo comenzó el 7 de julio de 1937, la conocida “redención de penas por el trabajo” no fue aprobada por el gobierno franquista hasta octubre de 1938, siendo el ayuntamiento de Sevilla, con la mano de Queipo de Llano de por medio, uno de los primeros beneficiarios en estas prácticas con los presos del régimen.


La ubicación del campo siempre estaba muy cercana a la zona de barracones en la que vivían los presos, en una situación de semiesclavitud. “Hacinados en literas, sin apenas espacio, vivían en una especie de fuerte que se encontraba a escasos metros de la obra que estaban realizando muy cerca del río”, apunta Gordillo. Hoy aquella zona ha sido reconvertida en un parque municipal y en los años 70, las escombreras de aquella gran obra sirvió de escondite al mismísimo Lute para ocultarse de las autoridades tras su fuga del Penal del Puerto de Santa María.

BAJO LAS IDEAS DE ASESORES NAZIS

Los documentos encontrados en el Archivo de la Autoridad Portuaria de Sevilla incluyen una información exhaustiva de cómo se distribuían los espacios dentro del campo, que había sido construido gracias a la ayuda de asesores nazis que daban a conocer las futuras ideas que tenían previstas para sus propios campos de exterminio . En torno a un patio central en forma de rectángulo se ubicaban los espacios destinados a servicios concretos de los oficiales, la tropa encargada de la vigilancia del campo, oficinas y enfermería, dormitorios para los presos encargados de la ejecución de las obras, comedores de jefes y reos, cocina y capilla, aseos, lavaderos, garaje y almacenes.

El coste de este campo, construido por el ingeniero Jesús Iribas, fue de 155.520,61 pesetas, una cantidad importante para la época. Sin embargo, la cifra final ascendió a 182.543,38 al introducir materiales como la teja árabe y «juncos» del Guadaira, que se encontraba muy cerca de la zona.

Actual parque donde se ubicaba el Campo del Colector /M.A
Actual parque donde se ubicaba el campo. // M. A. Molina
El campo de El Colector finalizó su actividad en octubre de 1939, convirtiéndose en la prisión habilitada de Heliópolis, hasta 1941. Cercado de alambradas, tal y como apuntan los documentos, los batallones de presos siguieron ubicándose en zonas cercanas de la ciudad para construir nuevas obras como la presa de la Torre del Águila en Utrera o el Canal de los Presos del Bajo Guadalquivir.
A pesar de las reuniones mantenidas con el gobierno local del PP, el grupo de Memoria de la CGT no ha conseguido ni que una pequeña placa rinda homenaje a los trabajadores de El Colector bajo una expresión tan incómoda como el de “campo de concentración”.